Hoy vengo con una reflexión que me ronda por la cabeza desde hace unas semanas. Recientemente he leído bastante sobre ese concepto marquetiniano (o como lo quieras llamar) que son las Millenial Moms y la Millenial Women. Esas mamás/mujeres nacidas entre 1978 y 1994, que están orgullosas de serlo, que hacen mil cosas además de ser madres, que están en Internet, son mujeres informadas y multitasking. Y que ya no quieren ser altas ejecutivas…

Lo cierto es que aunque yo no entre en este grupo por los pelos (soy de 1977), muchos de los datos me parecieron reveladores.

Y es que lo que nos viene a decir, bien alto y bien fuerte, es que las mujeres de hoy en día somos la bomba!!! ¿Que no os lo creéis? Dejadme que os cuente como yo lo veo…

De dónde venimos. Yo fui niña en los 80. Tanto las películas, como las series de entonces, nos mostraban esa mujer triunfadora que se definía porque era una killer en los negocios. El súmum del feminismo culminó en mujeres profesionales que querían parecer hombres en el campo profesional. No eran madres, no eran amas de casa. Eran abogadas, economistas, ejecutivas. Eso era lo que las definía. Bueno, eso, y las hombreras. Esta era la imagen a proyectar en contraposición a nuestras madres y abuelas. Que eran madres y amas de casa. Lo que la dictadura había querido que fueran. Y había que elegir. O eras una cosa, o eras la otra. Esto llevó a una generación de mujeres que no sabían coser, no sabían cocinar, no sabían ser amas de casa. Y eso estaba bien porque las situaba en un estatus social diferente, que era lo que querían. Ser una mujer moderna era definirte por el trabajo, decir que deseabas volver al trabajo después de la baja maternal y denigrar todo el trabajo doméstico. Un tipo de feminismo para mí mal entendido porque lo que hizo es dar la espalda precisamente al hecho de ser mujer. Pero, si a mí con 15 años que hubieras preguntado qué mujer sería, te puedo asegurar que te habría definido algo tipo Armas de Mujer… Seguro.

 

 

Pero Internet entró en escena... Con páginas y páginas de información, que aportaban crítica y nuevos puntos de vista. Informaciones contrarias a lo que decía la sociedad, tu madre o tu gineólogo. Maneras de ver la maternidad y la crianza de forma diferente. Emprendedoras que eran felices trabajando desde casa, compaginando el poner la lavadora, con un trabajo parcial.

Y empezó a estar bien decir que querías ser madre, que te hacía ilusión y que querías poner toda tu energía en hacerlo bien y disfrutar del proceso. Volvió a entrar en escena la lactancia y un tipo de crianza respetuosa con el niño. Y no pasaba nada por pedir reducción de jornada, por preferir estar con tus hijos que en la oficina. No eras menos mujer porque lo que te define no es solo tu trabajo, sino todas tus facetas como mujer.

Y yo misma que a los 20 años estaba segura que sería una workalcoholic, cambié. Totalmente.

Y se reinventó la ama de casa. Entendedme, modernizada y hipsterizada, pero volvió a tener un valor grande.

Volvemos a cocinar. Y lo llamamos blogs gastronómicos o repostería creativa.

Volvemos a coser. Y lo llamamos patchwork o DIY. Y, claro, también escribimos blogs sobre ello.

Volvemos a hacer manualidades como los cuadros ochenteros que hacían nuestras mamis. Pero ahora se llama Scrapbooking, chalk paint y homemade. Y hacemos ferias, tutoriales y millones y millones de dinero alrededor.

Volvemos a ser anfitrionas. Aunque ahora se llama hacer fiestas bonitas. Y encontramos blogs, revistas online y Pinterest con millones de ideas. Photocalls, mesas dulces, fiestas temáticas.

 

 

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Foto: bestfriendsforfrosting.com

 

Volvemos a ser presumidas. Sí, qué pasa. Y eso no quiere decir que seamos unas cabezas huecas o unas Babies. Es que nos gusta estar guapas. Punto.

Y se reinventó el qué se espera de mí. Evidentemente, vivimos en una sociedad donde todo el mundo tiene una opinión y te dice lo que debes o no debes hacer. Lo que pasa es que ya no todo es tan rígido. Ya no está claro que la mejor manera de conseguir un buen trabajo es estudiar una carrera en la universidad. Ya no está claro que la mejor manera de triunfar es renunciando a la maternidad. Ya no está claro que debes tener la parejita. Ya no está claro que te debas comprometer de por vida. Ya no está claro que mi camisa debe ser más blanca que la de la vecina.

Aunque no nos lo ponen fácil… Eso sí, Era más fácil elegir una cosa u otra, porque realmente, tener tu vida dedicada a tantas cosas, pues no es moco de pavo. Las políticas de conciliación las siguen haciendo hombres o mujeres que se autoproclaman feministas, pero son las que copian lo que hacen los hombres. Y eso no ayuda… Por no hablar de tantos y tantos países en donde los derechos de la mujer son prácticamente inexistentes…

Y ojito, antes de que malinterpretéis. Porque no estoy diciendo que seamos o queramos ser superwomen. Estoy diciendo que podemos ser trabajadoras, madres, blogueras, cocineras, petardas y estupendas. Y podemos hacerlo todo, sí, aunque igual luego nuestra casa no está tan ordenada o nuestros horarios no son tan rígidos o nos pasemos todo el sábado por la mañana en pijama. Pero no pasa nada.

Lo que estoy diciendo es que las opciones con las que nos encontramos para autodefinirnos como mujeres son amplias. Y eso me gusta.

Eso sí, estoy segura que también habrá muchas mujeres consideran que con tanto wonderful, biutiful happy flower nos están llenando la cabeza de pajaritos y alejándonos de una realidad diferente y dura. Que nos están engañando para meternos en casa otra vez y que todo por lo que había luchado la mujer en los 70 se está perdiendo.

Pero lo bueno es que gracias Internet podemos escoger si queremos wonderful o wonderfuck, Estivill o Carlos González, fiestas bonitas o física cuántica, hijos o no. Podemos tener pensamiento crítico. Y eso es muy grande.

Puede que luego esas opciones abrumen y creen confusión. Puede que debido a la crisis con la que contamos mis opciones no sean las que yo quisiera. Pero incluso dado el caso, nos reinventamos y nos ubicamos.

Por eso, señoras, puedo decir y digo que SOMOS LA BOMBA. Así, en mayúsculas y negrita. Y punto.