Siguiendo con los posts basados en las preguntas que me voy encontrando desde que todo esto empezó, aquí viene una del top 10: ¿Y cómo lo haces?

Pues haciéndolo, no hay otra manera. Pero dejadme explicarlo un poco más en detalle, porque sino este sería el post más corto de la historia y también parecería que soy una sobrada, y no van por ahí los tiros 😉

Cuando decidí ponerme a hacer pasteles, ya sabía que a parte iba a tener mi jornada laboral de 5 horas en otra parte, dos hijos de 3 y 6 años que atender, una casa, y toda una serie de trabajos asociados a Sweetmama, como este blog. Era cuestión de organizarse. Y MUCHO. También saber que los horarios de mi pareja, freelance, iban a ser mucho más flexibles, pues fue un gran punto a favor…

 

sweetmama-como-lo-haces-postIlustración: Ximena Maier

 

Como siempre, iré poniendo apartados con puntos que van resultando ser muy útiles para mí, según mi experiencia (y mis manías, mis aprendizajes, mis prueba/error)… Vamos allá.

 

  • No me ha dado tiempo. Hace tiempo que decidí borrar esta frase de mi vocabulario. Por lo menos, intentarlo, que no siempre es fácil. Evidentemente el día solamente tiene unas 12 horas y hay que ser realista con lo que se puede hacer o no. Pero lo que connota esta frase es negatividad. Es una excusa en la que escudarse y, habitualmente, se usa como justificación más que como una verdad absoluta. A veces pasar 5 minutos intentando buscar el mejor plan para organizarse el día para mí resulta muy efectivo.

 

  • Dejarse ayudar. Yo tengo suerte de contar con una gran red de personas a mi alrededor. Y esto facilita mucho las cosas. Abuelas, amigas, otras madres y padres del cole… Saber que aunque viva en una gran ciudad puedo contar con tanta gente cuando el trabajo aprieta, es lo más. Sobre todo porque al final como madre quieres que tus hijos estén contigo o con su padre. Pero si algún día esto no puede ser, qué bien vienen esas abuelas cargadas de meriendas ambundantes y cromos de Invizimals.

 

  • Optimización. De todo. Del tiempo sobre todo. Si voy del comedor a la cocina, recojo la ropa y la voy doblando. Cuando vuelvo de la cocina, preparo las mochilas del cole del día siguiente. Mientras pongo la lavadora, retoco las fotos del blog. Mientras hago la cama, hago el esquema del próximo post. Entre capa y capa de ganache, me como la tortilla… El mismo esfuerzo me cuesta levantar la pierna para no pisar ese trasto tirado por el suelo como agacharme a recogerlo. La optimización es especialmente importante en todos los procesos de repostería creativa: mientras horneo empiezo una flor, mientras se seca, hago la Swiss buttercream, mientras se enfría el bizcocho, hago las decoraciones… Es como tener un puzzle de muchas piezas e intentar empezar por las del centro. Pues complicao… Pero si empiezo por las puntas, una cosa lleva a la otra.

 

  • Evitar reuniones inútiles-mata-tiempo en las que se pierden horas y que no sirven para nada más que para ver quién la tiene más grande (con perdón). En la agencia tengo 5 horas que tienen que rendir como 8. Concentración al máximo y a rendir. Y, aunque esto a veces puede hacerte parecer borde, no dejarse atrapar por las palabras «nos vemos en la sala…». Huid!!! Rápido!!!!! Y la misma historia con la gente en general que absorbe la energía. Lejooooooosssss.

 

  • Aprender a tener las manías controladas. Ahora os voy a hacer una confesión. Bueno, los que me conocéis ya lo sabéis, pero para los que no, ahí va: soy una obesesiva compulsiva del orden y la limpieza en general. Ríete de Monica Geller. Que alguien le pregunte a mi marido por las migas y el aspirador. Hasta aquí puedo leer… Pues claro, a la fuerza ahorcan y al final una se tiene que relajar. Hasta cierto punto claro. ¿Habéis visto esas casas del programa de la tele que va una experta para ayudarles a poner orden? Vamos, yo me muero. Me da algo solo de verlas. Pero lo intento porque al final es más prioritario pasar el sábado con tus hijos que planchando los pijamas, no?

 

  • Ser realista con los pedidos. Tener muy estudiada la capacidad de trabajo que eres capaz de asumir en una semana y saber decir que no, a veces, resulta complicado.  Pero al final hay que saber que si abarcamos más de lo que somos capaces, pues alguien pagará las consecuencias…

 

  • No añadir más presión innecesaria. Conozco bloggers que publican siguiendo un calendario: un post nuevo cada dos días, por ejemplo. Yo he preferido ir haciendo. No olvidarme del blog, ni de las redes sociales, pero tampoco obsesionarme. Si un día voy a tope y no puedo, pues no puedo. Prefiero tener un post bien escrito o con unas buenas fotos, que hacerlo mal y con prisas.

 

  • Gestiones online, apps y smart phone. Buscar todo aquello que te facilite la vida. Pero ojito, que no te enganche al jueguecito chorra de turno porque entonces sí que la hemos fastidiado.

 

  • Compensar. Ya os digo que la tarde que voy a tope, corriendo de aquí para allá, muchas horas de pie, etc… pues es noche de tortilla francesa o de llamadita al chino. Así de simple. Y sin remordimientos.

 

  • Aprender a descansar y a hacer el vago de vez en cuando. Porque si no recargamos las pilas, llega un momento que nos estropeamos. Así que tirarse de vez en cuando en el sofá, poner una serie o un programa de reformas de casas que jamás tendré (pero que puedo soñar) pues viene la mar de bien.

Y sí, hay días que casi, casi me tienen que recoger con una pala. Y otros en los que grito mucho porque estoy agotada. Y otros, en los que mejor si os cruzáis conmigo no me habléis. Pero son los menos. Porque, en general, la sensación es de satisfacción cuándo ves que las cosas van saliendo como una espera.

Satisfacción que sería doble si nos contaráis vuestros trucos para tampoco morir en el intento 🙂