Bueno amigos, hace siglos que no escribo yo uno de esos posts de reflexión profunda, de los que tocan la fibra y nos hacen pensar… Y como andamos de confinamiento estos días he decidido que es el momento ideal para ponerme a ello.

Quiero decir antes de empezar que puede que tengas una idea preconcebida de lo que voy a escribir y puede que aciertes, o puede que no. Pero seguramente te sorprenda también alguna que otra de las cosas que opino. Al final, esto no se trata de tener o no la verdad absoluta. Porque ni la tengo ni la pretendo tener. Esto no viene a ser otra cosa que mi punto de vista sobre algo que está muy al día y que, algunas veces, se gestiona mal.

 

Como ya sabéis muchos, yo he estudiado y trabajado durante muchos años en comunicación. Más exactamente en agencias de publicidad. Y la figura del influencer no es nueva. No es algo que se haya inventado en los últimos años desde que existen las redes sociales.

Siempre ha habido influencers pero se les llamaba de otra manera. Rocío Jurado o Lola Flores eran influencers. Jesús Gil fue un influencer mega crack. Emilio Aragón, Donald Trump, Joaquín del Betis, Belén Esteban, Isabel Presley… Al final los influencers son gente que tienen un carisma especial y que la gente sigue, que la gente escucha, y que consiguen (queriendo o sin querer) que la gente haga o deje de hacer según lo que ellos piensen, digan o muestren al mundo.

Desde siempre las marcas han pagado mucho dinero para que famosos hablen de sus productos. Esto no es algo nuevo. Todos (bueno los que tenemos una edad) nos acordamos de Sofía Loren hablando de los macarrones Gallo. Fíjate alguien tan glamurosa metiéndose en mi cocina. Eso es ser influencer. Si alguien como ella a la que yo admiro por lo que sea dice que le gusta este producto, verdad será. Y por eso yo también quiero ese producto.

Pero entonces, ¿qué pasa con los influencers ahora? ¿nos gustan? ¿no nos gustan? ¿nos aportan algo? Y en especial, en nuestro mundo dulce ¿son útiles? ¿o se aprovechan?

Bueno, pues como me gusta a mí, vayamos por partes y ordenemos los pensamientos, que será lo mejor.

  • Ser influencer es una profesión. Hay gente que se dedica exclusivamente y vive de ello. Lo que pasa es que, como en todas las profesiones, los hay buenos y malos. En este caso, los hay malísimos. ¿Por qué? Porque cualquiera puede autodenominarse “influencer”. Y no, amiguitos, esto no funciona así. Si vas a ser influencer (seas instagramer, seas youtuber, o seas un famoso como los de siempre) vas a tener que currar. Mucho. Y currártelo bien. Si yo soy una mamá que tengo una niña mona y hago fotos y de repente me planto en 15mil seguidores en instagram pero no hago nada más que spamear a mi hija, NO SOY UNA INFLUENCER. Si yo compro tropocientos mil seguidores y luego me dedico a mendigar a todo quisqui para que me regale cosas gratis, NO SOY INFLUENCER. Influencer es aquella persona que realmente mueve y llega a su comunidad, que les está aportando algo cada día, que sube vídeos/fotos/stories/consejos útiles o graciosos o relevantes, que cuenta sus experiencias en los ámbitos que pertoquen de manera verídica y real. Influencer es aquella persona a la que apetece seguir porque me aporta algo. Influencer es aquella persona que realmente tiene una INFLUENCIA SOBRE UN NÚMERO CONSIDERABLE DE PERSONAS. Que puede ser muy alto o muy bajo, pero cuyo porcentaje de followers fieles sea realmente elevado. Y hay influencers que son muy buenos en su trabajo. Hay influencers a los que admiro, sigo incondicionalmente y por los que me dejo influenciar. Y a nivel profesional, hay influencers que a mí me han funcionado y me han funcionado muy bien. No nos olvidemos de eso. Porque a veces cuando algo o alguien coge mala fama, es muy difícil diferenciar lo bueno de lo malo y es muy fácil meterlo todo en el mismo saco.

 

  • Es el público, los medios, la sociedad quien decide que esa persona X es un influencer. Históricamente han sido las marcas quienes han ido a buscar a los famosos para que anuncien sus productos. Y esto sigue siendo así con los influencers realmente relevantes. Los que lo son de verdad y que viven de ello porque, vuelvo a repetir, se lo curran. Cuando las cosas van al revés, es el susodicho influencer el que viene a buscarte pidiendo que trabajes “gratis” a cambio de “darte a conocer” es cuando las cosas empiezan a fallar. Cuando alguien que tú no conoces de nada y que, por tanto, no es un influencer para ti te contacta para que hagas una “colaboración” es cuando las cosas chirrían. ¿Debería conocer a esta persona? ¿Le debería decir que sí? ¿Me aportará algo? Mi experiencia general es que si alguien que no conoces, que no sigues porque no está en tu ámbito de interés, que no se preocupa por conocerte lo más mínimo, se presenta como influencer y te promete mucha repercursión a cambio de colaborar, esta relación está condenada al fracaso. Porque no es alguien a quien tú admires y te apetezca realmente que haga publicidad, sea la que sea, de tu producto. Ni siquiera te lo habías planteado porque ni siquiera le conocías.

 

  • Ser influencer no significa pedir cosas gratis. Y supongo que en esto estáis todos de acuerdo. Yo recibo una media de 5 mensajes por instagram al mes de “influencers”. La gran mayoría no conozco ni sé quién son. Y algunos tienes perfiles con muchos followers, sí. Pero siento en el alma decir que un altísimo porcentaje de los mensajes que recibo están mal planteados de base. Una inmensa mayoría hace un corta y pega directamente sin personalizar: “Soy Fulanita, soy influencer, tengo tantos mil followers, me encanta tu trabajo y me gustaría que colaborases para mi fiesta de cumpleaños. A cambio yo te haré difusión en redes. Hablamos! Chao”. O las peores: “Haces colaboraciones?!?” Hola, NO. No me pidas que trabaje gratis para ti si no te vas a esforzar lo más mínimo a saber nada de mí ni les has dedicado 5 minutos a redactar un mensaje en condiciones. Y, sobre todo, no me pidas que trabaje para ti sin interesarte primero por EL VALOR DE LO QUE ESTÁS PIDIENDO. Es que creo que es lo mínimo. Primero pregunta qué valen las cosas y luego hablemos de si estamos interesados, ambas partes, en hacer ese intercambio económico. Qué trabajo estás dispuesta/o a realizar a cambio de ese dinero. Porque esto es así. Esto no se trata de que yo te haga una mesa dulce maravillosa valorada en 3.000 euros y luego tú pongas una etiqueta en cuerpo 3 en blanco sobre blanco en un stories. Porque si antes pides presupuesto y sabes que esa mesa cuesta 3.000 euros igual luego se te cae la cara de vergüenza cuando le propongas a esa persona lo que piensas hacer a cambio. Lo que pasa es que la mayoría de las veces lo que la gente piensa es que “solo es un pastelito” y no le dan el valor que se merece tu trabajo. Ahora mismo os digo que cuando me ha funcionado realmente un influencer ha sido cuando he trabajado con alguien que sabe lo que hace y que primero de todo me ha pedido presupuesto y ha estado dispuesto a pagar por lo que pide. Si luego entre los dos hemos llegado a un entendimiento distinto, ha sido sabiendo lo que yo estoy pagando a cambio de lo que él (o ella, casi siempre) está ofreciendo. Y al revés, porque yo también tendría que saber lo que ese influencer cobra por hacer publicidad de las marcas antes de llegar a cualquier acuerdo.

 

  • Un influencer ha de ser un buen comunicador y un buen vendedor. Y si no eres eso por muchos followers que tengas, no me sirves. Si te siguen 250mil personas pero cuando yo te regalo un pastel para que lo difundas en redes lo único que haces es colgar una foto entre millones de stories y etiquetarme, seguramente eso no me va a servir de nada (eso cuando etiquetas, porque luego están los que “se olvidan” o que ponen la etiqueta como 12 horas después cuando te has quejado, cosa que no puedo entender de ninguna de las maneras). Igual si hablas de lo bueno que estaba el pastel, o de que soy la única pastelera en la que confías, o dices algo remotamente interesante del producto que teóricamente estás publicitando, eso me sirva más. O si pides directamente a tu comunidad que me siga, pues igual también es un magnífico intercambio. Me he encontrado también con los que me han dicho “es que si quieres eso, entonces me tienes que pagar porque yo cobro por hacer esas cosas”. ¡¡¡Pero si me has contactado tú preguntándome si quiero colaborar!!! También me encontré con un caso en el que no me etiquetaron y cuando se lo dije me contestaron “es que eso lo lleva el community manager y no le ha parecido relevante, aunque puedes postear la foto que te dará mucho caché si tus seguidores ven que has hecho algo para mí”… Nada más que decir.

 

  • Tener muchos followers no significa que esa persona sea influencer o que sea el/la influencer ideal para mi negocio. ¿De dónde son los followers? ¿Qué edades? ¿Qué intereses tienen? ¿De qué habla normalmente en tu canal? ¿Cómo es la gente que la sigue? ¿Es gente que luego se va a interesar por mi trabajo? ¿Son seguidores reales? ¿Son seguidores de “calidad” que me interesa tener o se va a llenar mi cuenta de trolls? Por ejemplo, si es una niña de 17 años que vive en Valencia y que me pide que me desplace hasta su ciudad para montarle la fiesta de cumpleaños, sé perfectamente que eso no va repercutir en negocio para mí. Porque su área de influencia es distinta de la que yo busco. O si es una persona importante o conocida en otro país pero que se casa en España y que pide el pastel de su boda gratis, pues tampoco, porque por mucho que publique esa imagen en sus redes y la vean 150mil personas, esas 150mil personas están al otro lado del charco a miles de kilómetros de mi obrador. Y bueno, sí, puede que consiga subir unos 50 o 100 seguidores, pero eso de poco me va a servir.

 

  • Cuando hay representantes o intermediarios. Muchas veces el propio influencer ni siquiera es el que te contacta, si no que te escribe la agencia o el representante. Normalmente cuando falta uno o dos días para el cumpleaños o el evento en cuestión y quieren un pastel en forma de yo que sé con luces y música. Algo que sea muy espectacular que luzca mucho, para muchas personas, que se lo lleves un sábado a las 9 de la noche en el lugar que te digan. A cambio Fulanita Maravilla de la Moda te hará un super post en stories soplando las velitas del pastel. Un mail que, por cierto, ni siquiera va dirigido a tu nombre porque es el mismo mail que han enviado a 20 sitios esperando un milagrito. ¿Podéis entender lo irritante que puede ser esto? Primero por la falta de respeto de contactar con tan poco tiempo no teniendo ninguna consideración por ti. Segundo por el tono de condescendencia con que se escriben muchos de estos mails. Y tercero porque si por lo que sea me pilla en una semana floja de trabajo y resulta que Fulanita Maravilla de la Moda parece maja y lo acabo haciendo, es muy raro que recibas luego un mensaje o un mail de agradecimiento por parte de Fulanita. Y eso sí que me cabrera. Cuando la persona para la que has hecho la colaboración no te ha contactado directamente si no que lo has hecho vía intermediario (respresentante, party planner, fotógrafo…) lo mínimo que podría hacer la influencer en cuestión es dedicar cinco minutos de su tiempo a mandarte un agradecimiento personalizado y que suene sincero. Porque como mi madre decía es de bien nacido ser agradecido.

 

  • ¡Yo por un buen influencer mato! Porque cuando ya has perdido toda esperanza y la fe en la humanidad, te encuentras con influencers de verdad y te lo vuelves a replantear todo. Hace unos tres años me escribió una muy famosa que quería regalarle una tarta a su marido. Me explicó lo que quería, para cuando lo quería, y me pidió un presupuesto. Le dije que ok, que tendría la tarta, se la hice y se la llevé al restaurante. Me pidió una foto y me reclamó la cuenta para hacerme el pago. La foto la colgó en sus stories y me etiquetó, diciendo lo feliz que estaba. Inmediatamente empecé a ganar seguidores de forma vertiginosa y a entrarme mails con pedidos. Nunca le cobré la tarta aunque me lo reclamó. Estaba más que pagada. Al cabo del tiempo, le hice otro pastel. Y este me lo pagó. Igualmente compartió la foto y salí en varios medios. Y me ha pedido muchas cosas en estos años, y ella ha sido agradecida y yo más. Y sí, le he “regalado” muchas cosas porque lo que he conseguido a cambio me ha merecido mucho la pena. Ha sido un intercambio económico muy favorable para mí. Y me duele el alma ver comentarios de la gente criticándola diciendo que solo hace publicidad de las cosas que le pagan o le regalan aunque no le gusten, porque no es verdad. Habla de lo que le gusta, de lo que le inspira, de lo que le aporta. Y hay cosas que le regalan y cosas que no. Y hay marcas que le pagan, y marcas que no. Esto es otra cosa que no entiendo. Si no te interesa o no te gusta lo que una persona hace o deja de hacer ¿para qué la sigues? ¿qué te aporta? ¿qué placer encuentras en criticar todo lo que hace? ¿qué más te da a ti si las marcas le pagan o no? Bien que le preguntas la marca de algo que lleva o usa cuando te gusta o te interesa a ti… Igual otro día hablamos de los haters… Que me desvío del tema…

 

  • Cuando los influencers no te contactan como influencers. También he hecho trabajos para gente muy famosa que no han querido compartir ni etiquetar y que yo tampoco he podido publicar ni etiquetar. Trabajo pagado pero no publicado. Pues perfecto también. No porque alguien sea famoso o importante está obligado a publicar el trabajo que tú haces para él ni tú tienes derecho a publicar ese trabajo si no te han dado permiso. Siempre y cuando las cosas se hablen antes y queden claras, pues estupendo. También me ha pasado que un influencer me ha pedido un pastel y he decidido yo no cobrarle o hacerle un descuento asumiendo erróneamente que así colgaría la foto y me etiquetaría. Pues ahí la que lo ha hecho mal he sido yo porque esa persona en ningún momento me ha planteado un acuerdo de ese tipo. Mal está criticar solo a la otra parte porque muchas veces somos nosotras mismas las que nos montamos la película, ¿o no?

 

Entonces, ¿influencers sí o no? ¿a favor o en contra?

Pues como ya habréis podido ver, depende…

A favor, si el trato te interesa, si el intercambio está claro, si la cuantía económica está sobre la mesa, si los followers de esa persona son relevantes, si ambas partes saben de forma clara lo que se espera de cada una de ellas y si realmente te va a aportar algo, lo que sea, para tu negocio. A veces simplemente buscas tener fotos bonitas y ya. O decir simplemente que has trabajado para alguien así aunque no te vayan a compartir, pero a ti eso ya te está bien. Pues si es así, totalmente a favor.

En contra de las malas formas, de falsos influencers que no hacen su trabajo ni cumplen con lo prometido, de gente que no valora tu trabajo y que espera que todo le venga dado sin ningún esfuerzo por su parte, de aprovechados y de mentes olvidadizas o mal intencionadas. En contra de cuerpos de texto 3 en blanco sobre blanco. Y sobre todo, de la mala educación. Por favor, dejad de mandar mensajes de “Hola, ¿¡haces colaboraciones?!” porque de verdad os digo que son odiosos.

¿Y vosotros? ¿Qué experiencias habéis tenido al respecto? ¿Me las explicáis?